La Pausa Diaria
​
— un momento dedicado al autocuidado.
Un momento de quietud y gratitud
Este té fue creado para disfrutarse lentamente — como una pequeña pausa en tu día para respirar, reflexionar y dar gracias.
Aquí no hay presión ni perfección.
Solo unos minutos de calma para reiniciar.
Paso 1: Empieza con gratitud
Antes de preparar el té, coloca tu taza sobre la mesa y toma una respiración lenta.
Agradece en silencio a Dios por el regalo de este momento y por el cuidado de tu cuerpo.
No se necesita una oración larga — solo reconocimiento.
Paso 2: Prepara el té y mantente presente
Agrega 1 cucharadita de té a tu infusor y vierte agua caliente.
Mientras el color azul se despliega, permite que tus pensamientos se desaceleren.
Deja que esto te recuerde que cosas buenas pueden suceder incluso cuando haces una pausa.
Paso 3: Respira y suelta
Mientras el té se infusiona (3–5 minutos o mas), respira lentamente. Inhala con suavidad y luego exhala un poco más despacio.
Suelta aquello que no necesitas cargar en este momento.
Paso 4: Prepara tu taza
Retira el infusor.
Agrega limón para dar frescura o miel para reconfortar — recibiendo tu té como una bendición sencilla.
Paso 5: Bebe y reflexiona
Mientras bebes, reflexiona en una palabra que hoy se sienta como apoyo — paz, paciencia, fortaleza, claridad.
Sostén esa palabra en silencio.
No hay necesidad de analizarla.
Paso 6: Lleva este momento contigo
Antes de terminar tu taza, ofrece un breve momento de gratitud.
Permite que la calma de esta pausa te acompañe durante el resto de tu día.
Un recordatorio sencillo
La fe no siempre necesita palabras.
A veces se encuentra en la quietud, la gratitud y el cuidado.
Regresa a esta pausa siempre que lo necesites.
¿Lista para disfrutar?
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